AHORA
¿Cuánto falta para que el odio tiña nuestra estela, y nos reapropiemos del poder que alguna vez pudimos construir? Nuestros ímpetus no están hechos de anarquismo, socialismo o comunismo desgastados y desprestigiados por la prensa. Ahora lo importante es entender que la tierra es nuestra, por lo tanto la producción y todos sus recursos nos pertenecen. A nosotros, no a los gringos. No a las transnacionales. No a las clases políticas que apoyan y extreman la desigualdad. Los recursos están, somos nosotros mismos en un principio. Solo falta extremar nuestra convicción; que no versa ningún color, ninguna tradición, solamente la de nuestra tierra.